La conspiración de los necios.

César Duarte y Guillermo Dowell

César Duarte y Guillermo Dowell

En los últimos meses, las necedades de César Horacio Duarte Jáquez y Guillermo Dowell Delgado los han llevado a convertirse en dos de los políticos más despreciados en Chihuahua, y en la pareja incómoda dentro de las filas del PRI.

Aunque desde hace mucho tiempo César Duarte ya había perdido la simpatía (lo poca que tenía) de propios y extraños, al concluir la jornada electoral de pasado 5 de junio, el principal achichincle de Duarte, Guillermo Dowell, inmediatamente se ganó el segundo lugar en la lista de los priistas más detestados por los chihuahuenses y por sus propios colegas partidistas.

Con la primera impugnación del PRI al proceso electoral, la pareja Duarte-Dowell (acompañada por un ejército de 650 abogados) iniciaron una necia conspiración para tratar de anular la elección a Gobernador en la que, por amplia ventaja, obtuvo el triunfo Javier Corral Jurado.

Desde ese mismo momento, las verdades históricas en la impugnación del PRI fueron obvias; particularmente la concerniente a retrasar el proceso de entrega recepción con el fin de ganar algo de tiempo para sustraer y/o eliminar documentos que puedan servir como prueba en el proceso judicial que -sin duda alguna- tendrá que enfrentar el corrupto y corruptor, César Horacio Duarte Jáquez.

Casi un mes después de iniciada la conspiración de los necios, los cinco magistrados del Tribunal Estatal Electoral de Chihuahua ratificaron el triunfo de Javier Corral Jurado; esto, luego de encontrar que el recurso de inconformidad -interpuesto por Duarte y compañía- carecía de fundamentos válidos.

Al enterarse de la noticia, el Comité Estatal del PRI (obviamente por órdenes de Duarte) anunció que estaban analizando la posibilidad presentar una nueva impugnación, pero ahora ante la siguiente instancia competente; es decir, ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

magen cortesía de Andrés De Anda

Imagen cortesía de Andrés De Anda

Pasaron los días, y la conspiración de los necios quedó formalmente concretada. El 4 de agosto, a tan solo unas horas de que terminara el plazo para presentar el recurso, el PRI presentó un juicio de revisión constitucional en contra de la resolución del Tribunal Estatal Electoral.

Aunque la derrota fue clara y contundente, es indudable que César Duarte y sus achichincles todavía se niegan aceptarla; sin embargo, es su necia actitud la que -por tratar de retrasar lo más posible el proceso de entrega recepción- no les permite ver que en realidad no están impugnando el triunfo de Javier Corral Jurado, sino la voluntad de los millones de chihuahuenses que -el pasado 5 de junio- a través de su voto dijeron fuerte y rotundamente: ¡Fuera Duarte!, ¡Fuera el PRI!

Como ya se ha dicho en este mismo espacio, el proceso electoral contempla una fase de impugnaciones, y el PRI (como cualquier otro partido y/o candidato independiente) está en su derecho al presentar dichos recursos. Dicho en otras palabras, la forma no es cuestionable, lo cuestionable e inaceptable es el fondo; o sea, las negras intenciones que hay en sus acciones.

Es por todo esto -y muchas cosas más- que no sólo los extraños, sino también los propios, imploran y confían en la pronta resolución del TEPJF que ratifique (por segunda ocasión) el triunfo de Javier Corral, dando por terminada la conspiración de los necios, y el impopular, aborrecido y nocivo gobierno de César Horacio Duarte Jáquez.

Definitivamente no será por propia voluntad, pero ya mero llega la -tan esperada- hora de que César Duarte y compañía dejen de hacerle daño a Chihuahua (y a su propio partido), y que por fin se le llame -y se le lleve- a rendir cuentas ante la justicia por los presuntos -pero evidentes- delitos de peculado, enriquecimiento ilícito, ejercicio abusivo de funciones, uso indebido de atribuciones y facultades, y los demás que resulten.

En esta ocasión concluyo con lo dicho alguna vez por el médico español, Santiago Ramón y Cajal: “Se conocen infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento.”

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