Autoridad a conveniencia.

AutoridadCuando se habla de “autoridad”, generalmente es en torno a figuras que desempeñan algún cargo gubernamental; esto, debido a que al asumir ese cargo, se les otorga cierto poder en torno a la institución a la que representan; sin embargo, este término también puede aplicarse en otros contextos, tal y como se puede observar en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE).

Considerando lo anterior, y a que cada vez es más frecuente que la “autoridad” oficial  desestime la autoridad de terceros, es que vale la pena analizar dos casos recientes: uno de ellos fue en el ámbito nacional y el segundo es local.

El primero de estos casos, fue la semana pasada, cuando la Procuraduría General de la República (PGR) descalificó los señalamientos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), mismo que afirmó que el Ministerio Público federal cometió errores en la recolección y procesamiento de pruebas de la investigación relacionada a la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa.

Ante los señalamientos por parte de la EAAF, la PGR rápidamente contestó –a través de un comunicado de prensa– que los argentinos no son autoridad para dar veredictos legales, y que solamente fueron habilitados por la PGR para ciertas tareas.

Nadie niega que la PGR es autoridad; sin embargo, ésta solo cumple con la mitad del primer concepto que la RAE señala para dicho término: poder que gobierna o ejerce el mando, de hecho o de derecho. El hecho es que sí ejerce el mando; lo que queda en tela de duda, es lo de “derecho”.

Es obvio que en este caso, para la PGR fue conveniente no considerar que el término “autoridad” –según la RAE- también se aplique para referirse al prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia; lo cual, -en su totalidad- aplica al EAAF y no a la PGR.

El segundo caso, es el que se presentó hace apenas unos días como resultado del paro laboral por parte de agentes de Vialidad y Tránsito en Chihuahua, mismos que denunciaron públicamente el hostigamiento laboral que sufren por parte de sus “autoridades”, exigiendo la destitución de las mismas.

Después de 20 horas de paro, y de varios días de “negociación” para dar respuesta al pliego petitorio de los agentes de Vialidad y Tránsito, el recién nombrado secretario general de Gobierno, Mario Trevizo Salazar, dijo que los agentes no tienen autoridad moral para protestar porque primero deben actuar con transparencia y cumplir con su responsabilidad ante la sociedad.

autoridad2En este caso, resulta incongruente la declaración del secretario de gobierno porque la “autoridad” superior -su jefe-, el gobernador César Duarte”, actualmente enfrenta una denuncia penal precisamente por no actuar con transparencia, por su irresponsabilidad al ejercer el cargo de Gobernador; y además, por abuso de autoridad.

Y es que si Mario Trevizo cuestiona la autoridad moral de los agentes de vialidad y les pide que sus actividades sean transparentes, efectivas y legales; primero tendría que exigirle a la más alta autoridad del Estado que haga lo mismo, y que ambos recuerden que para predicar, hay que hacerlo con el ejemplo.

Queda claro pues, que para las “autoridades”, reconocer o cuestionar la autoridad de otros es a conveniencia; es decir, que depende de intereses particulares o los del gobierno en turno, y no del el interés público, del prestigio adquirido, o de la calidad y/o competencia con la que se desempeñan las funciones.

Finalizo en esta ocasión con lo dicho alguna vez por el escritor y poeta dramático de la Antigua Roma, Publilio Siro: “El que manda mal, pierde la autoridad de su mando.”

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